5.11.09

EVANGELIO DÍA VIERNES XXXI ---TEXTO (Lc 16, 1-8)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Era un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; le llamó y le dijo: "¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando." Se dijo a sí mismo el administrador: "¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas." Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi señor?" Respondió: "Cien medidas de aceite." Él le dijo: "Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta." Después dijo a otro: "Tú, ¿cuánto debes?" Contestó: "Cien cargas de trigo." Dícele: "Toma tu recibo y escribe ochenta." El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz. PALABRA DEL SEÑOR.

Siento que en este texto, el Señor no nos invita definitivamente a la astucia -entendida como inescrupulosidad para conseguir ciertos objetivos-, sino mas bien nos invita a la creatividad! que debemos tener los hijos de la luz para alcanzar con inteligencia nuestro fines, como puede ser el caso de la tarea de la Evangelización, a la cual todos estamos llamados todos por mandato de Cristo, (“Id y evangelizad el mundo”). Si hay una parte del Evangelio donde cabe incluir la palabra “eficiencia” o la palabra “efectividad” es en este pasaje bíblico. Los cristianos debemos utilizar con inteligencia y habilidad, los recursos que la modernidad sin distinción nos ofrece, para a su vez nosotros poder evangelizar más y mejor nuestro mundo. Y pienso ahorita en el Internet, en los medios de comunicación, en el diseño publicitario, en la comunicación digital, en los recursos del marketing moderno etc. etc. Y todo para poder --con mejores mapas, velas y aparejos- llevar la barca de la Iglesia a lugares insospechados, y acercarla cara a cara al hombre de hoy, para que descubra maravillado a Aquel que es motivo y fin último de nuestro anuncio: Jesús Hijo de Dios y redentor del mundo.



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